Sin organizaciones saludables no hay responsabilidad social corporativa

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La responsabilidad social corporativa alude al comportamiento de una organización ante las exigencias sociales que, según las actividades que realiza, le plantea la sociedad en general y especialmente los grupos sociales con los que tiene más contacto.

Muchas organizaciones se consideran «socialmente responsables» porque realizan actividades en respuesta a demandas sociales específicas de grupos o comunidades externas a ellas, olvidándose de que el principal grupo ante el que deben comportarse de forma socialmente responsable es su propia gente. Esto se evidencia incluso en los objetivos de desarrollo sostenible de la Asamblea General de Naciones Unidas (2015); cada uno con lineamientos sobre cómo las organizaciones pueden, desde el ámbito interno, contribuir al logro de dichos objetivos.

Esos lineamientos muestran que para que una organización pueda considerarse socialmente responsable, lo primero que debe hacer es asegurarse de que sus prácticas permitan catalogarla como una organización saludable; pero ¿qué es una organización saludable? Las organizaciones saludables son aquellas que realizan esfuerzos sistemáticos y planificados para mejorar la salud, seguridad y bienestar de los trabajadores, mediante buenas prácticas relacionadas con la mejora de las tareas, el ambiente social y la organización en general (Organización Mundial de la Salud, 2010; Salanova, 2009).

Así, una organización saludable es aquella en la que la salud -entendida como un estado de completo bienestar físico, psicológico y social- es vista como una inversión y desarrolla planes estratégicos para crear, mantener o mejorar estilos de vida saludables entre sus miembros, implementando prácticas que permitan que haya apoyo social y laboral por parte de supervisores y compañeros; balance trabajo-vida privada; oportunidades de capacitación y desarrollo significativas; seguridad laboral; ausencia de acoso laboral u otro tipo de abuso; comunicación
interna adecuada; un clima de confianza, honestidad y adecuadas relaciones interpersonales; oportunidades reales de que las personas controlen cómo realizan su trabajo y participen en la toma de decisiones; y políticas de gestión que aseguran la justicia organizacional.

Dra. Zuleima Santalla de Banderali
Profesora investigadora en la Escuela de Psicología UEES

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