El flagelo de la drogodependencia: ¿la solución o el problema?

César Valcárcel

El flagelo de la drogodependencia: ¿la solución o el problema?

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Día a día miles de jóvenes se hunden indiscriminadamente en el mundo del consumo de drogas. El planteamiento de algunos de ellos es que es una forma de sentirse mejor ante un entorno de rechazo y de pocas oportunidades; otros refieren que es parte de su destino, al cual no se deben negar.

A lo largo de la historia de la humanidad, han existido diversas formas de desplazamiento por parte de los seres humanos de aquellos elementos o situaciones que les generan algún tipo de malestar o inconformidad. Esto viene sustentado desde épocas de antaño por las carencias personales para poder afrontar tales males de manera frontal y decidida.

Opioides, hongos, alucinógenos, anfetaminas y químicos han servido para que el novel consumidor ingrese en aquel flagelo y se aísle completamente de aquellos males que a todos nos aquejan, pero que ellos no pueden, no saben o no quieren afrontar. Aquí también vale hacernos una pregunta: ¿es un asunto genético o ambiental?

Para responder a la misma, vale recordar los innumerables estudios científicos que descartan totalmente la adicción por genética; incluimos aquí los casos de síndrome de abstinencia en recién nacidos. Dichos estudios mencionan que, si bien existe cierta predisposición, no se puede afirmar que la existencia de una dependencia sea producto de antecedentes de adicciones dentro del núcleo familiar.

Dicho esto, aterrizamos en la dinámica ambiental, la misma que radica en identificar los factores que pueden generar el desencadenante del consumo inicial y posterior abuso del consumo, con mayor prevalencia en los jóvenes; la población adulta, conforme pasa el tiempo, genera recursos personales de afrontamiento.

La dinámica familiar resulta ser el elemento más importante de todos. Comunicación, aceptación incondicional y muestras de afecto son las categorías frecuentes en la formación de la personalidad del sujeto, lo cual, al no ejecutarse de manera adecuada por pertenecer a una familia disfuncional, se convierte en la mayor carencia del sujeto al no poder desarrollar una identidad plena.

Pero aquello quedaría en no más allá de una crisis existencial frecuente del sujeto si no tomamos en cuenta la influencia ambiental. Esta nos estimula constantemente a adoptar conductas de riesgo, las cuales van a dar como efecto un estado de éxtasis en quienes las practiquen, y, en el caso de jóvenes sin identidad personal, puede convertirlos en tierra fértil para la adherencia a una futura dependencia.

No obstante, es a la decisión personal a la cual podemos otorgarle mayor peso. Las influencias externas, traumas iniciales y carencias familiares son elementos promotores de aquel flagelo de la dependencia, pero aún existe la llamada voluntad humana, que genera la orientación final hacia las conductas que la persona elija.

Esto puede ser complejo ante una personalidad que se ha desarrollado con carencias o, por el contrario, con muchas comodidades, lo cual no permite un grado de madurez emocional significativo. Una teoría clásica de la Psicología menciona que cuando los hijos se comportan de manera rebelde, lo hacen con el anhelo de castigar a sus padres por su ineficacia.

Y es que, finalmente, no es asunto del destino, suerte, malas compañías o justificativos de un beneficio medicinal. Las drogodependencias son la problemática que el sujeto elige voluntariamente sin el conocimiento pleno de sus efectos futuros, ya que las personas, especialmente los jóvenes, no valoran los efectos de sus actos a largo plazo, sino que prefieren disfrutar de las mieles del aquí y ahora.

Pero eso no es todo. No podríamos cobijarnos en la ciencia si pensamos que la conducta drogodependiente es un pozo sin salida futura. Existe todavía la oportunidad de ser padres buenos en un mundo malo; de no enfocarse en los objetos, cosas o lujos, sino en aquel ser que salió de nosotros. Tiempo de calidad, mas no de cantidad, y una buena comunicación resultan ser lo más importante en esta dinámica. No hay que depositar nuestros sueños frustrados sobre ellos, ya que eso genera elevadísimos picos de ansiedad y ataques de pánico.

Acápite aparte, radica la intervención profesional, que dependerá del grado de dependencia que se tenga. Psiquiatras, psicólogos y psicoterapeutas se preparan constantemente para ofrecer técnicas y recursos que ayuden a paliar aquella conducta que, de no tener una reducción y paulatina eliminación, no tendrá buen pronóstico.

El asunto de la fe, último en mención pero jamás menos importante, también se convierte en un pilar relevante en esta dinámica rehabilitadora. Filósofos, médicos, científicos y psicólogos concuerdan en que el ser humano necesita depositar su fe en una deidad, en vías de la entrega de sus cargas con la esperanza del oportuno socorro.

Si tomamos un poco más de tiempo para los que están a nuestro alrededor hoy, mañana veremos favorables resultados.

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