Patriotismo y cosmopolitismo

Rayza Lamota

Rayza Lamota Veloz

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¿Cuál es la posición que toman los ciudadanos ante los diferentes problemas sociales que se observan a nivel internacional? ¿Usted sigue el criterio de que un país debe encargarse de resolver sus asuntos internos o considera que existe cierta responsabilidad moral por ayudar al otro?

Es imposible evitar hacerse estas interrogantes cuando el fenómeno de la migración, producto de la crisis humanitaria que atraviesan países como Venezuela, Honduras, Guatemala y El Salvador, ha sido probablemente el principal acontecimiento que ha marcado el 2018.

La ONU estima que desde el 2014 hasta la actualidad, 2.3 millones de venezolanos abandonaron su país como consecuencia de la crisis. ¿Cuál fue la respuesta de América del Sur? En un principio, el Estado ecuatoriano exigió el pedido de pasaporte a los migrantes venezolanos. Sin embargo, esta medida fue suspendida días después por la jueza Judith Naranjo a causa de la solicitud de medidas cautelares que realizó la Defensoría del Pueblo. Perú, por su parte, otorgó a los inmigrantes un Permiso Temporal de Permanencia como documento que les permite residir, trabajar y estudiar legalmente en dicho país. Por otro lado, Brasil estableció restricciones como la presentación de pasaporte, carnet de vacunación y documentos de antecedentes penales.

En Centroamérica, la situación es similar: hondureños, guatemaltecos y salvadoreños huyendo de la crisis política, social y económica de sus naciones con la esperanza de tener acceso a mejores oportunidades en Estados Unidos. En respuesta, el presidente Donald Trump anunció la reducción de ayuda al gobierno de dichos países, ordenó la movilización del ejército estadounidense para el resguardo de la frontera con México y planea eliminar la ciudadanía por nacimiento, así como endurecer el proceso para conceder asilo.

Pero no sólo los gobiernos de las diferentes naciones son los que han reaccionado frente a este fenómeno. A su vez, la migración ha sido objeto para despertar sentimientos xenófobos en sus propios ciudadanos. Entonces, desde el campo de la ética, ¿cuál es la posición adecuada que se debe adoptar ante este tipo de problemas?

Martha Nussbaum, filósofa galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2012, establece en su obra “Los límites del patriotismo: Identidad, pertenencia y ciudadanía mundial” un interesante planteamiento sobre la compasión y cómo su desarrollo en cada pueblo puede determinar si éste tiene una visión patriótica o cosmopolita.

La autora señala que la compasión inicia desde pequeños grupos: compañeros, familia, ciudad y país. El problema radica en que tiende a detenerse allí; existe un apego emocional incapaz de traspasar fronteras que en un punto llega a convertirse en egoísmo. Así es como surge una perspectiva patriótica que Nussbaum se encarga de rechazar por medio de acontecimientos históricos.

La indiferencia de rescatar a judíos durante el Holocausto o el desinterés por encontrar alguna forma de detener el genocidio en Ruanda es la manera en que se ha reflejado el patriotismo en Estados Unidos. Si se hubiera tenido un mínimo de vulnerabilidad en proporcionar a Pakistán infraestructura educativa, actualmente sería una sociedad instituida en valores como el respeto al pluralismo religioso y la igualdad de género.

Desde otra perspectiva, Nussbaum muestra al ideal cosmopolita como una concepción que permite a un pueblo utilizar sus sentimientos y capacidades en favor de la comunidad humana. Se trata de eliminar todas aquellas diferenciaciones, estereotipos y prejuicios que vemos en el otro por pertenecer a un territorio distinto y empezar a identificarnos como ciudadanos del mundo.

En ese sentido, considero que en los hogares y diferentes establecimientos educativos, no se debe debatir únicamente sobre la situación actual de nuestro país sino prestar especial atención a las naciones vecinas. No se trata limitarnos a conocer que todos tenemos derechos humanos, sino de profundizar sobre problemas de carácter global que impiden a nuestros conciudadanos tener una vida digna. Incluso, como alguna vez lo sostuvo Aristóteles: ser capaces de imaginar que nosotros también somos vulnerables y podemos sufrir algo semejante. Solo de esta manera se podrá desarrollar una compasión capaz de traspasar fronteras.

Rayza Lamota Veloz
Estudiante
Facultad de Derecho UEES

Admisiones 2019

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