El rol de los abogados en la sociedad

César García

César García

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Actualmente la abogacía, como profesión en libre ejercicio, se encuentra investida de una exacerbada animadversión dentro de la sociedad ecuatoriana, como resultado del continuo esfuerzo de supuestos profesionales del Derecho por desprestigiar a la misma. La gran cantidad de actos de corrupción generados dentro del sistema de justicia; la carencia de lealtad y buena fe procesal; y la falta de compromiso, integridad y transparencia con quienes se adquiere una relación de defensor de sus derechos e intereses, son algunas de las principales causales que han contribuido a la producción de este colosal perjuicio a la profesión.

Ahora bien, sin lugar a dudas hoy en día ante los ojos de la sociedad el rol de los abogados es muy ambiguo y es por esto que resulta tan imprescindible hacer referencia a la importancia de los mismos, así como a su deber ser. Debemos comenzar afirmando que si viviéramos en una sociedad utópica no existirían los abogados; no obstante, su necesidad radica en el inminente estado de conflicto en el que vivimos debido a nuestra naturaleza humana. Los abogados son fundamentales para la salud del Estado de Derecho, el respeto de los derechos humanos y por ende la vigencia del sistema democrático per se. En ejemplos prácticos, son quienes representan y defienden a quienes cuyos derechos han sido vulnerados y, asimismo, se encargan de velar por el desarrollo de un juicio justo para sus defendidos independientemente de su calidad de víctimas o acusados dentro del proceso judicial en que se encuentren. (Principios Internacionales, 2007, p. 67).

Cabe precisar que el rol de los abogados no es solamente el de defender a sus clientes, sino más bien el de emplear todos los mecanismos y recursos a su disposición, dentro la ley y la ética, para lograr alcanzar y preservar los intereses de estos. Las Naciones Unidas en 1990 formularon los Principios Básicos sobre la Función de los Abogados, en donde podemos apreciar estas cuestiones. De la misma manera, dentro del documento ibídem podemos observar las garantías para el ejercicio de la abogacía, algunas de las cuales han sido directamente vulneradas por la falta de independencia de las funciones del Estado que nuestro país ha enfrentado en los últimos años (Principios Básicos, 1990). Esto resulta evidente al presenciar las constantes interferencias indebidas al desarrollo de las funciones profesionales de los abogados dentro de un sistema en el que litigar se vuelve en ciertos casos una lucha de David contra un Goliat que es contraparte, juez y ejecutor.

Sin embargo, esta realidad que por lo general muchos de nosotros apreciamos como inmutable no puede ser motivo de excusa para dejar de estudiar, prepararse y ejercer por construir día a día una sociedad un poco más justa. El retorno del prestigio a nuestra anhelada o presente profesión depende en su mayoría de las bases, es decir de los estudiantes que nos encontramos en etapa de preparación para ejercer algún día, mediante nuestro mejor esfuerzo, la abogacía. Esta es una conclusión dotada de un tinte utópico pero totalmente necesario si consideramos que mientras tengamos un norte definido seguiremos avanzando contra marea y demás.

César Adrián García Galván
Estudiante
Facultad de Derecho UEES

Admisiones 2019

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