Comunicar en tiempos de pandemia

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Por Irene Ancin Adell

Diversos autores del campo de la gestión han señalado que las crisis, según como se manejen, pueden convertirse en una oportunidad para generar cambios positivos en las organizaciones y para replantearse el futuro.

Durante la pandemia, las organizaciones han tenido que adaptarse a los cambios que, diariamente, se sucedían en un contexto caracterizado por altos niveles de incertidumbre y en los que la comunicación se convirtió en un elemento clave por su capacidad de incidir positivamente en el desempeño de los equipos de trabajo y en el bienestar de los colaboradores.

En los últimos años, con la llegada de las nuevas herramientas como Trello, Slack, Basecamp y G-Suite, y su incorporación a la vida organizacional, fueron muchos los que creyeron que sus carencias y problemas comunicacionales acabarían. Pero, no ha sido así. Las aplicaciones son instrumentos que permiten que la comunicación sea más ágil y fluida, pero son los colaboradores, de todos los niveles de la organización, quienes las utilizan y, por tanto, el éxito o fracaso de estas innovaciones tecnológicas dependerá de su intención (querer comunicarse y compartir significados), de sus habilidades y competencias comunicativas.

En medio de la pandemia, los gerentes y directores de área se llevaban las manos a la cabeza porque la comunicación, en medio del caos, no fluía y no lograban conectar con sus colaboradores, lo cual tenía un impacto negativo en el estado anímico y, en la mayoría de los casos, también en las metas, previamente, establecidas. Resultaba un tanto irónico que la “más olvidada”, la comunicación in house, se convirtiera, en cuestión de horas, en la más aclamada y añorada, así como que los jefes se preguntasen qué podían hacer para mejorar la comunicación con sus equipos como si se tratase implementar un plan y ejecutarlo a corto plazo.

Las organizaciones que han logrado superar la crisis, sin desgastar física y emocionalmente a sus colaboradores, son las que, con los años, han concebido a la comunicación como un filosofía, una forma de comprender la realidad y al ser humano, y como un elemento clave e irremplazable de su cultura. Además, se habían preocupado por crear dinámicas comunicacionales, basadas en el diálogo y la trasparencia que, a su vez, propulsaban relaciones de confianza, y habían comprendido, a través de los años y de las experiencias, que la comunicación determina su funcionamiento como sistema social y el tipo de interacciones que se establecen entre sus miembros.

Esta crisis ha vuelto a evidenciar la importancia de la comunicación en la vida organizacional y la necesidad de replantear el rol de la comunicación desde una perspectiva integral. Las organizaciones necesitan sistemas de comunicación asimétricos, que promuevan un buen clima comunicacional y que generen confianza entre sus miembros. Asimismo, es fundamental que se la conciba como una “carrera de fondo”, no de “velocidad”. El esfuerzo continuado en el tiempo generará dinámicas saludables para la organización y sus miembros como el compromiso, calidad de servicio, el desempeño, calidad de vida laboral y satisfacción con la vida.

Irene Ancin Adell, Ph.D.
Decana de la Facultad de Artes Liberales y Ciencias de la Educación UEES

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